#29M Miedo General

27 de marzo de 2012

De entre todos los argumentos que se esgrimen para no secundar la huelga general convocada para el próximo jueves día 29 de marzo, el que más se repite, el que más resuena, el que más me perturba, es el argumento del miedo. El miedo. Los trabajadores reconocen estar hartos, sentirse utilizados y desprotegidos. Trabajar se convierte en una actividad de riesgo. El país entero, poco a poco, se inundará de funambulistas por imposición, cada jornada se convertirá en un paseo por el vértigo. Esta reforma es la reforma del vacío, lo único que quedará bajo los pies del trabajador. Entonemos el más triste y profundo de los réquiems por la red protectora. De cien redes me sale un bolso de Loewe, y el glamour de "marca España" cotiza alto en Telecinco.
Los trabajadores tienen miedo, miedo a la reforma laboral. Un miedo fundamentado y motivado por una realidad sobrevenida vía Real Decreto. Pero es a otro miedo al que aluden para no secundar una huelga general convocada para luchar contra esa amenaza real. El miedo al empresario, que amaga con despido y otro tipo de represalias si se acude a la huelga.

Y entonces, me viene a la cabeza este conocido cuento:


Unos científicos colocaron en una jaula cinco monos, una escalera y sobre ella unos cuantos plátanos.

Cada vez que un mono subía la escalera para comer, el resto sufría una descarga eléctrica, así que después de algún tiempo, en cuanto un mono se aproximaba siquiera a la escalera, los otros le golpeaban.

Pasados unos días, ningún mono subía la escalera a pesar de la tentación de las bananas.

Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos y la primera cosa que hizo fue, lógicamente, intentar subir la escalera. Por lo que el resto le dieron una tremenda paliza.

Después de bastantes golpes, el nuevo integrante del grupo jamás volvió a pretender subir más la escalera, aunque nunca supo el porqué de tales palizas.

Cuando un segundo mono fue sustituido y sucedió lo mismo, el primer sustituto participó con entusiasmo en la agresión al novato.

Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. Llegó después un cuarto y, finalmente, el quinto de los veteranos también fue sustituido.

Los científicos se quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, a pesar de que jamás habían recibido una descarga eléctrica, continuaban golpeando a aquel que intentaba llegar a los plátanos.

Si hubiera sido posible preguntar a cualquiera de esos cinco monos porqué pegaban a aquellos que intentaban subir la escalera, con certeza la respuesta simplemente hubiese sido:

"No lo sé, aquí las cosas siempre se han hecho así".


Los trabajadores están en contra de la reforma laboral y quieren luchar contra ella. Pero secundar la huelga general puede comportar consecuencias negativas. Dichas consecuencias supondrán un castigo ejemplarizante para el resto de trabajadores, que aprenderán que el ejercicio y la defensa de los derechos legítimos conllevan una respuesta represiva. Y lo que se aprende se enseña. Y así será como, con el tiempo, no mucho, nadie se reconocerá derechos, nadie los reinvidicará y nadie los disfrutará... sin saber porqué. Y así será como los empresarios nos sujetarán con hilos invisibles y nos harán bailar a su son. Y así será como los trabajadores pasaremos de ser personas con justos deberes y derechos, a ser meros instrumentos al servicio de una prima de riesgo y un Íbex 35.

Y así será como la rabia se extenderá por el mundo, porque nadie se atrevió a matar al perro.


Proyección etérea vía Matías-Simón

25 de octubre de 2011

Teoría del acto ético

17 de agosto de 2011

El primer elemento clave de la teoría Kantiana del acto ético puro reside en la distinción entre el acto realizado exclusivamente de acuerdo con el deber, y el acto sólo realizado por deber. Sólo este último es ético en sentido estricto. Uno puede actuar de acuerdo con el deber a causa de diversos intereses personales: quiere evitarse incomodidades, quiere dejar una buena impresión, espera un beneficio, etc. Para Kant, una acción de este tipo es patológica, y aunque se realice de acuerdo con el deber, nunca constituye un acto ético. Un acto ético es sólo el que se realiza exclusivamente por deber. En primer lugar, esto significa que ese acto, en sentido estricto, no tiene exterior: su fundamentación debe ser siempre una autofundamentación. Un acto no necesariamente se basa en razones externas a él (nuestros impulsos y motivos "internos" también se cuentan entre estas razones). Es posible que surja sólo de sí mismo, como idéntico a la ley moral; en caso contrario es "no puro", "patológico", en el sentido propio de la palabra. Por otro lado, ese acto no tiene exterior, en cuanto todos los efectos, consecuencias, todo lo que sigue después de él, debe abstraerse y ponerse entre paréntesis. En el acto no hay ningún después. Esto es lo que Kant repite incansablemente: un acto ético está más allá de todos los criterios de utilidad, eficacia, etc.; es -para emplear la metáfora kantiana- una joya que brilla y vale por sí misma. Lo que cuenta es sólo un acto sin propósito fuera de sí mismo, que encierra en sí su propio propósito; el único propósito de ese acto es su propia realización, siendo, por así decirlo, "un acto sin propósito". Si actuamos para obtener esto o aquello, no se trata de un acto. En última instancia, ese acto es esencialmente un producto de sí mismo. Representa algo absolutamente firme, aunque sin base. Es el punto de la firmeza y la certidumbre absoluta que flota en el vacío: es "en sí mismo".
Alenka Zupancic
TODO LO QUE USTED
SIEMPRE QUISO
SABER SOBRE
LACAN
Y NUNCA SE
ATREVIÓ A
PREGUNTARLE A
HITCHCOCK
Slavoj Zizek (compilador)

Casualidades

21 de julio de 2011

O, como diría una buena amiga, "cosas que te pasan".

Primera

El primer fin de semana iba paseando por Addis con Zerihun, nuestro referente de la ONG aquí en Etiopía. En un momento dado le comienzo a preguntar por el cine Etíope y le pido nombres de cineastas destacados. Entonces él me contesta "ese". Yo no lo entiendo bien y, pensando que me estaba dando un nombre, le insisto: "¿quién?" y me vuelve a decir: "ese". Y entonces me doy cuenta que señala. En ese instante estaba pasando por nuestro lado un famoso director Etíope, Serawit Fikre. "El alto de la chaqueta marrón. Ese, ese es un director de cine Etíope". Yo no me lo terminaba de creer, le dije mil veces que se estaba quedando conmigo, que me estaba gastando una broma... pero no, era cierto. Al parecer está promocionando su última película. Tendré que verla...

Segunda

Chaveli y yo estamos en la Sebeta. En otro pueblo (Akaki), a menos de una hora de aquí, están Alejandra y Carolina, voluntarias de la escuela Abugida, escuela que gestiona directamente la ONG. Alejandra es de Badajoz y Carolina de Huelva. Habíamos mantenido cierto contacto por el facebook con motivo de venir aquí, pero nos conocimos personalmente en Etiopía. Los fines de semana nos encontramos y viajamos juntas.
El segundo fin de semana, en el largo camino por carretera hacia Arba Minch, charlábamos las cuatro sobre un poco de todo. Comenzamos a hablar de colegios (las cuatro somos maestras) y Carolina dice: "yo tengo un amigo trabajando en un colegio de Las Palmas". Pregunto si en uno público o privado. Dice "privado". Pocas posibilidades de conocerlo entonces, no conozco a muchos maestros de la privada, y menos de infantil. Entonces nos dice que es el director de la Etapa en ese centro. Se me enciende una luz y le pregunto: "¿No se llamará Juanma, verdad?". "¡Sí!" me grita. Sí, su amigo es el profesor de mi ahijado.

No los voy a salvar

14 de julio de 2011

Lo recuerdo perfectamente. Debía tener unos seis años, eran los 80 y la televisión mostraba imágenes de la sequía que asolaba Etiopía. Nunca había visto a niños sufrir y, que eso pudiera suceder, me resultaba incomprensible y absurdo, una especie de broma de mal gusto. Esas imágenes dieron un portazo a mi construcción infantil del mundo. Le pedí explicaciones a mi madre. Ella hizo lo que pudo, pero no me convenció.

- No tienen agua.
- Nosotros tenemos, ¿por qué no les damos?
- No tienen comida.
- Nosotros tenemos, ¿por qué no les damos?
- No tienen medicamentos.
- Nosotros tenemos, ¿por qué no les damos?

Como, al parecer, era imposible que les diéramos nada le pregunté que por qué no los traíamos. "En nuestra parte del mundo no hay esos problemas, tenemos de todo. Que se vengan". Tampoco eso era posible. Lo único que parecía posible era dejarlos morir de inanición. Esa fue la primera vez que cuestioné la supuesta inteligencia adulta. Me parecieron muy poco resolutivos y no podía entender cómo a una simple niña se le podían ocurrir mil soluciones y ellos, con toda su sabiduría y experiencia, eran incapaces de abordar una cuestión, a mis ojos, tan sencilla.

Desde que tengo la poca memoria con la que luego me quedé padezco una intolerancia grave a las injusticias. Además, poseo una especie de capacidad innata para detectar emocionalmente si en una situación se da una injusticia, incluso antes de comprenderla a un nivel intelectual. No concibo vivir a otro lado que no sea al de las injusticias (y la vida me ha demostrado que las injusticias las sufren, siempre, los más débiles). No entiendo que una injusticia pueda encontrarse sola, sin gente a su alrededor luchando por acabar con ella y reparar los daños. No consigo creer que el mundo pueda tener otros planes.

Así que tomé una decisión. Cuando creciera, y fuera autónoma e independiente, tomaría cartas en el asunto. Ahorraría de mi sueldo hasta poder comprar un avión. Además, construiría casas acogedoras de un extremo a otro de Andalucía (en mi mapa mental del momento Andalucía era la zona española que quedaba más cerca de África). Cuando lograra todo esto viajaría a Etiopía y llenaría mi avión cuantas veces fuera necesario para impedir que esos niños volvieran a pasar hambre, enfermedades, necesidades... Yo, los salvaría.

Hoy tengo 34 años. El día 03 de julio de 2011 cogí un avión con destino a Etiopía. El avión no era mío y los niños se quedarán aquí cuando yo regrese. No los voy a salvar.

A cambio, ellos han salvado para mí a aquella niña de 6 años.


Homenaje a Nadie.

Etiopía: la cuenta

15 de junio de 2011

El día 1 de julio viajo con una compañera y amiga a Etiopía. Será un viaje de cooperación, a través de la ONG Mediterránea. Vamos a una escuela que carece de muchos recursos y equipamiento, por lo que necesitamos llevar gran cantidad de material desde aquí. Hemos abierto una cuenta bancaria que nos permita recibir aportaciones de aquellas personas que estén interesadas en colaborar con este proyecto.

Nos gustaría que además nos ayudaran a darle difusión.


Les informaremos y haremos partícipes de todo lo que adquiramos gracias a las contribuciones.


¡Muchas gracias!
CCC: 2085-8143-29-0330459600

Corre Porsela, corre

9 de mayo de 2011

Mi yo crisis de los 34 ha obligado a salir a correr a mi yo cuerpo que se desmorona. Mi yo responsable ha sido incapaz de protestar y mi yo absurdo ha lamentado que mis nuevas playeras nunca volverán a tener este blanco nuclear. Mi yo paranoico sufría por si estaba sonando el móvil solo en casa y mi yo por ahí no paso ha resuelto que la riñonera queda descartada para las llaves de casa. El yo empiezo a moquear si me paro sólo ha atendido al 50% de la conversación cuando me he encontrado a un compañero de trabajo y el yo todo tiene un límite se ha vuelto a casa cuando el ipod se ha quedado sin batería.

Mañana voy otra vez.

Conversaciones ausentes

18 de abril de 2011

Existe una lengua viva y despierta,
pero callada.
Perdura velada en el grito
que tu mudez amordaza.

Existe una lengua de asfalto,
leves palabras transitan
la distancia que tu memoria renuncia.

Existe una lengua huérfana y deshabitada,
pero solemne.
Carga resignada este silencio
que a dos voces declama lamentos.

Existe una lengua transparente y pura,
pero truncada.
Que no pronuncia espacio ni tiempo
porque no piensa muerte ni olvido.

Existe una lengua
que la respiración atraviesa.

Existe una lengua
que al abandono interroga.

Existe una lengua que evoca
el tenue murmullo errante
de nuestras conversaciones ausentes.

La ternura

21 de marzo de 2011

Cuando era muy joven (soltera, como dice Ella) trabajaba en una boutique de ropa. Tenía una clienta habitual que solía ir acompañada de su hijo Juanmi, un chico con Síndrome de Down. El muchacho se mostraba muy afectuoso con Ella, siempre tenía algún comentario agradable que dedicarle y Ella respondía de la misma forma con él. Podría decirse que simpatizaban el uno con el otro, así que terminaron teniéndose un gran cariño.

Cuando Ella se casó dejó la tienda, el pueblo y la Península Ibérica en general, ya que se fue a vivir a Canarias. Desde entonces regresó a visitar su tierra natal en varias ocasiones, con más o menos frecuencia, pero nunca volvió a ver a Juanmi.

Hace poco, con motivo de la muerte de su padre, estuvo por allí de nuevo. Una tarde avisó a unos familiares que iba a ir a verlos, así que salió de su casa con esa dirección. Conocía perfectamente el camino, ¡cuántas veces lo habría hecho!, pero ese día, por algún motivo que todavía no puede explicarse, se confundió de calle. Iba pensando en su error y preguntándose cómo podía haberle sucedido cuando vio a unas personas en la calle, sentadas a la puerta de una casa. Enseguida reconoció a su antigua clienta y a su hijo. No podía creerlo, había pasado tanto tiempo... Se acercó a saludar y dijo, emocionada: -Hola Juanmi. Estaba convencida de que él no la reconocería. Su madre tampoco pensaba que podría acordarse y añadió: -Juanmi, ¿no sabes quién es?

Entonces él dijo: -Conchi.

35 años después.

Orquídeas

8 de marzo de 2011

Una parece una tortuga.
Una parece un mono.
Una parece una cebolla.
Una parece una maestra de escuela.
Una parece una gimnasta.
Una parece una adolescente con piel cremosa.
Una parece una intelectual neoyorquina...
...con quien haces crucigramas en la cama.
Una parece una reina de belleza del oeste medio.
Una se parece a Amelia.
Una tiene ojos que bailan.
Una tiene ojos que contienen la tristeza del mundo.

Adaptation. (El ladrón de orquídeas).

2011. Perspectiva Nevsky

3 de enero de 2011

¿Me traerá el 2011, por fin, un viaje a San Petersburgo?

Mientras tanto me conformo con verlo a través de los ojos de Ana Karenina y de oírlo con Alice.



Un viento a treinta grados bajo cero
barría las desiertas avenidas y los campanarios.
A ráfagas heladas de metralla,
desintegraba cúmulos de nieve.
Y los fuegos de la guardia roja encendidos
para echar al lobo, y viejas con rosarios.
Y los fuegos de la guardia roja encendidos
para echar al lobo, y viejas con rosarios.
Sentados en las gradas de la iglesia,
esperábamos tras la misa que saliesen las mujeres.
Mirábamos con expresión ausente
la gracia incomparable de Niyinski.
Y luego de él se enamoró perdidamente su empresario,
y de las danzas rusas.
Y luego de él se enamoró perdidamente su empresario,
y de las danzas rusas.
Con mi generación pasé el invierno,
mujeres encorvadas sobre el telar en la ventana.
Un día en la perspectiva Nevski
me encontré por azar a Igor Stravinski.
Los orinales puestos bajo el lecho por la noche
Cine de Eisenstein por la revolución.
Estudiábamos cerrados en un cuarto,
con débil luz de velas y candiles de petróleo.
Y cuando se trataba de hablar
esperábamos siempre con placer.
Y mi maestro me enseñó
qué difícil es descubrir el alba dentro de las sombras.
Y mi maestro me enseñó
qué difícil es descubrir el alba dentro de las sombras.

Y aquí el cuento de Nicolai Gogol.

Mi 2011 huele a San Petersburgo.

Manufactura del consentimiento

29 de noviembre de 2010

En 1958, Henry David Thoreau, uno de los raros disidentes, escribió en su diario que:

no hay necesidad de formular una ley que frene la licencia de la prensa. De sobra se autocontrola a sí misma. En general, la comunidad se ha reunido y puesto de acuerdo sobre qué cosas hay que expresar, se ha puesto de acuerdo sobre una plataforma y en excomulgar a aquel que se aparte de ella, y ni siquiera uno entre mil se atreve a expresar ninguna otra cosa.

Sería más exacto decir que ni siquiera uno entre mil es capaz de pensar ninguna otra cosa; y es que el sistema de control del pensamiento ha llegado a ser bastante autoconsciente. (...) en un país donde la voz del pueblo puede ser escuchada, es necesario asegurar que esa voz diga las cosas correctas.

En un estado basado en la violencia interna, basta controlar lo que la gente hace (lo que piensan es asunto de poca importancia), siempre y cuando ésta pueda ser controlada por la fuerza. Pero donde la violencia estatal es más limitada, es necesario controlar también lo que la gente piensa. En síntesis, existe una conexión entre la ausencia de control de Estados Unidos y la extraordinaria eficacia del sistema de control del pensamiento.

Noam Chomsky
Sobre el poder y la ideología
Para Elena (I)

Seda

8 de septiembre de 2010

Es un dolor extraño.

Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.

Seda
Alessandro Baricco

En algún lugar sobre el arco iris

8 de agosto de 2010

Fuego en su cerebro

31 de julio de 2010

Una irresistible obsesión se apoderó de él: que su Finnegans Wake se había infiltrado en el cerebro de su hija y la había trastornado. Había concebido Finnegans Wake como una novela de la noche inconsciente (en tanto que opuesta al día de Ulises), una novela de oscuros juegos de palabras y asociaciones que quizá se aproxima todo lo que una obra literaria puede hacerlo al cerrado mundo de la psicosis, sin ser demente ella misma. Seguramente esto había precipitado las enigmáticas expresiones de Lucía. "Cualquier posible chispa del don que yo poseo -decía Joyce amargamente- ha sido transmitida a ella y ha encendido un fuego en su cerebro".
Su superstición tenía sus raíces en la casi telepática empatía que existía entre ellos. Él comprendía institivamente la abrasadora soledad de la enfermedad de Lucía. La locura nos arranca del lenguaje común de la vida, el lenguaje del que Joyce también se había apartado, o que había superado. Todos tememos en algún momento que "nuestro" mundo y "el" mundo estén irremediablemente separados. La psicosis es la realización de este temor. Uno piensa en aquel paciente maníaco sometido a un detector de mentiras, al que le preguntaron si se creía que era Napoleón. Replicó, "no", pero la máquina registró que estaba mintiendo. La inmersión de Joyce en los entresijos de la mente de Lucía era un intento de rescatarla de aquella doble mentira, un intento de mostrarle que él también hablaba su lenguaje. Y si él lo hablaba, entonces ¿cómo podía ella estar loca, o sentirse sola?

Hacia el amanecer
Michael Greenberg

Lucía Joyce fotografiada por Berenice Abbott

Primos gemelos

18 de junio de 2010

En primer curso de la universidad había estudiado ciertos números primos más especiales que el resto, y a los que los matemáticos llaman primos gemelos: son parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un número par que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43. Si se tiene paciencia y se sigue contando, se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Lo que encontramos son números primos aislados, como perdidos en ese espacio silencioso y rítmico hecho de cifras, y uno tiene la angustiosa sensación de que las parejas halladas anteriormente no son sino hechos fortuitos, y que el verdadero destino de los números primos es quedarse solos. Pero cuando, ya cansados de contar, nos disponemos a dejarlo, topamos de pronto con otros dos gemelos estrechamente unidos. Es convencimiento general entre los matemáticos que, por muy atrás que quede la última pareja, siempre acabará apareciendo otra, aunque hasta ese momento nadie pueda predecir dónde.

Mattia pensaba que él y Alice eran eso, dos primos gemelos solos y perdidos, próximos pero nunca juntos. A ella no se lo había dicho.


La soledad de los números primos
Paolo Giordano

Resonancia

1 de junio de 2010

Es curioso, no he dejado de sufrir. No me he aferrado a ti sino a mi sufrimiento. Intenté retenerlo para conservarte, para conservar lo nuestro. El día que deje de sufrir, que salga adelante, como dices, es que me habré convertido en otro y no quiero que eso ocurra, porque entonces ya no podremos reencontrarnos.

La Maman et la Putain

Un año con tu silencio

16 de mayo de 2010

Hoy, que vivo un año con tu silencio, quiero recordarte con tus palabras. Ojalá hayas encontrado tu luz y tu sol.

MI LUZ Y MI SOL, año 1980

¿Dónde está la luz
que se ha perdido?
¿Dónde está el sol
que ya no brilla?

¿Por qué todo a mi alrededor
se ha oscurecido,
sumiendo mi alma
en triste pesadilla?

¿Por qué voy errante
perdido en la noche
sin guía ni meta
que darle a mis pasos?,
buscando esa luz
que alumbre mi noche
buscando esa mano
que guíe mis pasos

Y no encuentro esa luz
porque el sol se ha apagado
y en noche perenne
mi alma camina.

Tan solo el recuerdo
que tú me has dejado
sobre todas las cosas
a mí me domina.

Porque tú eras la luz
que alumbraba mi vida
y el sol sobre el cual
yo giraba.

Y tu luz se apagó
abriendo una herida
en mi pecho dolido
porque yo te adoraba.


Aquilino Pérez Val

Memoria

24 de abril de 2010

Traigo aquí un cachito de la emocionante concentración en apoyo a la causa abierta por el juez Garzón para investigar los crímenes del franquismo. Como bien dijo Miguel Ángel Sosa, los convocantes eran, sobre todo, los desaparecidos.

Desaparecidos

Están en algún sitio / concertados
desconcertados / sordos
buscándose / buscándonos
bloqueados por los signos y las dudas
contemplando las verjas de las plazas
los timbres de las puertas / las viejas azoteas
ordenando sus sueños sus olvidos
quizá convalecientes de su muerte privada

nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no
si son pancartas o temblores
sobrevivientes o responsos

ven pasar árboles y pájaros
e ignoran a qué sombra pertenecen

cuando empezaron a desaparecer
hace tres cinco siete ceremonias
a desaparecer como sin sangre
como sin rostro y sin motivo
vieron por la ventana de su ausencia
lo que quedaba atrás / ese andamiaje
de abrazos cielo y humo

cuando empezaron a desaparecer
como el oasis en los espejismos
a desaparecer sin últimas palabras
tenían en sus manos los trocitos
de cosas que querían

están en algún sitio / nube o tumba
están en algún sitio / estoy seguro
allá en el sur del alma
es posible que hayan extraviado la brújula
y hoy vaguen preguntando preguntando
dónde carajo queda el buen amor
porque vienen del odio.

Mario Benedetti



Relato de ficción

2 de marzo de 2010

Tras la esperada derrota los perdedores salieron a la calle. Era inevitable que se dibujara una expresión de cierta tristeza en sus caras después de todo el trabajo y la ilusión invertida. El Gran Hombre descansaba asomado a la barandilla de la sexta planta del lujoso hotel. Se encontraba rodeado de gente que reía y hablaba escandolosamente. Celebraban la victoria. El bullicio llamó la atención del grupo de abajo, que alzó la mirada. El Gran Hombre dirigió la suya hacia ellos. Instantáneamente, el escenario se difuminó y sólo quedó en escena una fuerte sensación de Deja Vu que les transportó a una época ahora rota. Los perdedores, sin mediar palabra, se miraron entre ellos y, casi a una sola voz, exclamaron levantando los brazos: "¡¡Tírate Gran Hombre!!". El Gran Hombre, durante breves segundos, experimentó un sentimiento de nostalgia que le ensombreció el rostro jubiloso. Durante ese tiempo la gente que le rodeaba se le antojó extraña. Ninguno podía entender el significado de lo que acababa de ocurrir. Mientras esto sucedía dudó por un momento de que aquellos últimos meses hubieran merecido la pena. Pero rápidamente computó lo que el recién estrenado triunfo le traería y decidió olvidar el sentimentalismo. No le costó. Se dio la vuelta y se perdió entre la marea de abrazos y felicitaciones mutuas. Las personas del grupo de abajo se volvieron a mirar entre ellos y rompieron a reir a carcajadas. El atisbo de tristeza había desaparecido de sus semblantes. Sólo quedaba la ilusión, la convicción y la alegría que les movía. Con ellas y entre bromas y chistes abandonaron todos juntos el lugar.