Por otra parte reconozco sentirme fascinada por el ambiente y las expectativas creadas en torno a estas elecciones. La sensación de saberme testigo de un momento tan histórico me atrapa. El discurso de Obama logró ponerme los pelos de punta en algunos momentos. No puedo evitar vibrar con las personas que saben transmitir sueños a tanta gente de una manera tan abrumadora. Pero una vez concluida mi fase eufórica mi sangre se calma y las neuronas equilibran. Y la sensación que me queda coincide mucho con el final del editorial de "El País" de hoy: "En un mundo más peligroso y complejo, donde rara vez los logros satisfacen las expectativas, Obama ha situado el listón muy alto con su invitación a volver a soñar".
Otra mirada
5 de noviembre de 2008
Por otra parte reconozco sentirme fascinada por el ambiente y las expectativas creadas en torno a estas elecciones. La sensación de saberme testigo de un momento tan histórico me atrapa. El discurso de Obama logró ponerme los pelos de punta en algunos momentos. No puedo evitar vibrar con las personas que saben transmitir sueños a tanta gente de una manera tan abrumadora. Pero una vez concluida mi fase eufórica mi sangre se calma y las neuronas equilibran. Y la sensación que me queda coincide mucho con el final del editorial de "El País" de hoy: "En un mundo más peligroso y complejo, donde rara vez los logros satisfacen las expectativas, Obama ha situado el listón muy alto con su invitación a volver a soñar".
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El hombre almohada
30 de octubre de 2008

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Etiquetas: Teatro
Cursos de formación del profesorado
28 de octubre de 2008
No soy de las que va con prejuicios negativos a los cursos. Al contrario, en cuanto leo lo importante que es y formada que está la persona que va a venir a impartirlos pienso que qué suerte tengo y que cuánto voy a aprender. Pero últimamente mi gozo es un pozo en este sentido. Porque no sé por qué demonios los profesores que dan clases a profesores no se aplican a ellos mismos en susodicha clase todo lo que nos cuentan que tenemos que hacer con nuestros alumnos... adaptado a nuestra edad, claro, pero es que que seamos mayores de 24 (yo soy un poco más, pero lo digo por algunos compañeros que todavía andan en la veintena) no implica que estemos inmunizados a los rollos patateros. ¡Por favor! Que repiten todas las ideas 20 veces y nos tratan como si acabáramos de entrar en la Facultad de Magisterio. Que ya sé que el verdadero aprendizaje es tal sólo si se logra la transferencia. ¡YA LO SÉ! Que nadie me lo diga más. Que nadie me vuelva a explicar lo que son las competencias básicas... ¡QUE YA LO SÉ! Por favor... Que no vamos a aprender nada nuevo en la vida si siempre nos ponen el contador a cero. En fin, esta entrada es de puro desahogo. Para no gritar allí me dediqué a hacer dibujitos. Al final me sirvió para crear mi nuevo fondo de escritorio. Al menos no perdí del todo la tarde...Guardado por Porsela a las 16:12 0 secretos
Por última vez
9 de octubre de 2008
Le pidió que le acompañara por última vez al lecho que frío para siempre ella hace tanto que dejó.
Le pidió que se sentaran por última vez a la mesa de la cocina en la que tantos buenos momentos saboreó.
Le pidió que le llevara al balcón para contemplar por última vez el recuerdo de la plaza encendida por las llamas de fallas.
Le pidió que le asomara a la ventana para escuchar por última vez la tertulia del banco bajo el árbol, ya sin su voz.
Le pidió que le tocara por última vez a la vecina de en frente.
Le pidió que cerrara las ventanas y quedaran un momento en silencio, para sentir por última vez el calor de hogar.
Le pidió que le dejara cerrar la puerta, por última vez, de su casa.
Le pidió que el coche abandonara lentamente el barrio, para poder robar por última vez un poco de su murmullo y su olor.
¿Cómo se hace la maleta de toda una vida? ¿Qué se mete? ¿Cómo se hace?
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Etiquetas: Aquilino
Publicidad
5 de octubre de 2008
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Etiquetas: Eduardo Galeano, Libros
Mi próximo móvil
4 de octubre de 2008
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Hoy comienza Ibértigo VI
3 de octubre de 2008
Otra vez Ibértigo. Y cada año mejor. Me da mucha pena que estar en el exilio no me permita participar como antes... Un poco de publicidad para aportar mi granito de arena.
http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=109305
http://www.culturadecanarias.com/actividades/ccribertigo08-2/ccribertigo08-2.html
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Por verte sonreir
22 de septiembre de 2008
Como siempre, mal y tarde, la tienes aquí
Sabes bien, como soy, que no suelo mentir
Siempre que lo hice fue por verte sonreír
Llámame, te quiero escuchar
Ya lo ves, no siempre me va bien
Al cantar me duele el corazón
Y enloquezco cada noche
En cada actuación
Fui yo quien dijo no, y ahora en la misma mesa
Se me enfría el café mientras dices que te va bien
Tranquila, ya no volveré a llamar, no me volverás a ver
Esta vez me marcho para no volver
Y ahora cansado de mirar tu foto en la pared
Cansado de creer que todavía estás
He vuelto a recordar las tardes del café,
Las noches locas que siempre acaban bien
Y me he puesto a gritar estrellando el whisky en la pared
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A tu manera
2 de septiembre de 2008
Me encanta.
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El lobito malo y el lobito bueno
31 de julio de 2008
A propósito del poema que Desconvencida publicaba en su Blog hace ya unos días.
"Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos."
J. A. GOYTISOLO
Gloria Fuertes responde:
Y érase también
un lobito malo,
al que obedecían
todos los vasallos.
El lobito malo
les metió en la guerra,
y no quedó pueblo
ni árbol en la tierra.
No se conocían
y se iban matando,
todo por la culpa
del lobito malo.
Y vino otra vez
un lobito bueno,
al que respetaban
los pocos corderos
-que quedaban-.
Quemaron las armas
y no hubo más guerra.
Lobos y corderos
jugando en la tierra.
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Etiquetas: Poesía
Aquilino y la lámpara maravillosa
15 de julio de 2008
Ese tipo de vacaciones en mi caso ha pasado por tres fases, no sé si esto también será común.
- Fase 1: cuando eres pequeña. "Qué bien que voy a ver a abuelos, tíos, primas y demás parientes que tienen muchas ganas de verme, me dan regalos y me invitan a sus casas de campo con algo que se asemeja a una piscina en lo que podemos chapotear. Qué bien que voy a jugar con niños nuevos a cosas nuevas, qué bien que mi padre está relajado y tranquilo y pasa mucho rato conmigo y me lleva por ahí a comer gambas rojas".
- Fase 2: cuando eres adolescente. "Qué rollo que voy a ver al abuelo cascarrabias que me queda, tío, primas y demás personas que son mis familiares pero que yo no reconozco como tales porque casi no los veo ni hablo con ellos y me van a preguntar muchas cosas (lo mismo que el año pasado), me van a decir lo alta que estoy y van a contar sus batallas de siempre. Qué rollo que mi madre encima me obliga a poner buena cara y no me apetece salir con mis primas porque llevan una movida muy diferente a la que a mí me gusta y aquí no tengo amigos. Y yo quiero estar con mis amigos del alma, que ellos sí me entienden y qué hago yo sin mi recién estrenado novio... cuánto tuvo que sufrir Julieta... la entiendo, qué dramón de verano".
- Fase 3: cuando eres adulta y consciente (que no siempre coincide). Heme aquí en esta fase, quién me iba a decir. Casi toda la familia ya me importa un bledo porque ya una sabe quién es quién. Pero aquí está él, EL ABUELITO, ese ancianito de 87 años que camina encorvado y ayudado por dos bastones, hace ya años que conoce a la gente por sus zapatos y su percepción del mundo cada vez es más terrenal. Sufre de dolores causados por algunos de sus padecimientos y le tiemblan las manos. Está bastante sordo y cada vez ve más turbio (siempre me dice que estoy guapa). Él trata de no traicionarse a sí mismo y seguir siendo un gran cascarrabias, y claro, yo pienso que cada vez lo tiene más difícil pero en realidad no estoy segura de que sea él el que realmente haya cambiado.
Vine bastante convencida. Y llego a la casa, y me lleva a mi habitación y me señala la mesilla de noche, en la que hay una lámpara colonial con base de mármol y pantalla de cristal esmerilado, y la mitad del cable se encuentra dentro del cajón que está abierto lo justo para presionarlo y que el interruptor quede en el lado más cercano a la cama, para que no se mueva, para que sólo tenga que sacar un poco la mano para encencer y apagar. Es su lámpara de mesa, normalmente la tiene en su habitación. En la cocina tiene otra, porque él necesita siempre tener una lámpara con potente luz cerca para poder hacer las cosas, ya dije que ve turbio... Esta noche él se ha llevado a su habitación la lámpara de la cocina. Mañana por la mañana la volverá a llevar a la cocina. Y así hará cada día mientras yo esté aquí. Le he intentado explicar que yo no necesito esa lámpara, que puedo dar a la luz de la pared sin problema. Él no concibe que alguien no necesite una lámpara de mesita. No he insistido. La lámpara se queda ahí. Y yo estoy a sus pies. Es mi deseo.
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Etiquetas: Aquilino
Yo vengué a Escarlata O'hara
10 de mayo de 2008
ni besé con aparato
Yo que somatizo
y vuelvo a las andadas
Yo que preciso de miradas
y no entiendo tantas palabras
Yo que soy alérgica a la eritromicina
de la luna tomo vitaminas
Yo que no tengo molécula de hidrógeno
pero encuentro alivio en tu magnesio
Yo que luzco pecas
tú que me las cuentas
Yo que no sé cortar el queso
ni dibujar cenefas para mi aseo
Yo que no tengo secretaria
invado de notas mi estancia
Yo que ayer descubrí a Gloria Fuertes
y hoy juego con Rodari
Yo que tengo los números rojos
el tiempo de oro lo adorno
Yo que libraba dos batallas
mis soldados abandonan hoy las armas
Yo que llamo a filas la cordura
voz plana me alegan en la ficha
Yo que levanto la ceja
tú en la alcoba me arrestas
Yo que a los alisios te imploro
lava de volcanes llevan mi lloro
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Etiquetas: Poesía
En busca de la fecilidad
14 de abril de 2008
Narrador: - Érase una vez un hombre que siempre tenía mala suerte. Los años iban pasando y aunque se esforzaba mucho, todo era en vano, seguía teniendo mala suerte.
Pasaron muchos años hasta que empezó a pensar de verdad en su situación. Después de darle muchas vueltas, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda. ¿Y… quién era más indicado para prestársela que Dios?
Así que el hombre decidió ir a ver a Dios para pedirle que le cambiara su mala suerte. Metió todo lo necesario para el viaje en un atillo y se acostó.
A la mañana siguiente se puso en marcha. Caminó, caminó y caminó durante mucho, mucho tiempo. Al cabo de algunos dias, nuestro hombre llegó a la selva y, abriéndose paso entre la maleza, escuchó de repente una voz estridente:
El Lobo: - “¡Oooooooh….oooooooohh!”
Narrador: - Asombrado buscó el origen de esa voz pensando que a lo mejor alguien podía estar necesitando su ayuda. Encontró un lobo y ¡cómo estaba el pobre animalito! Se le podían contar las costillas y el pelo se le caía a mechones; daba lástima verlo.
El Hombre: - ¿Qué te pasa lobo?
El Lobo: - Estoy mal, de un tiempo a esta parte todo me va mal. No tienes más que observar mi aspecto…
El Hombre: - ¡No! no me cuentes nada más porque yo también tengo mala suerte. Por eso voy a ver a Dios, a pedirle que me cambie la suerte.
El Lobo: - Por favor, pídele también un consejo para mí.
El Hombre: - Muy bien, no te preocupes, se lo pediré. Hasta pronto.
Narrador: - Caminó, caminó y caminó, mucho, pero mucho tiempo. Por fin llegó a la sabana. Hacia mucho calor. El sol quemaba y la sabana no parecía tener fin.
El Hombre: - ¡Hay, que no daría yo por un poco de sombra!
Narrador: - Nada más pensarlo vio a lo lejos un maravilloso árbol frondoso que invitaba con su sombra. Pronto llegó y se recostó a descansar apoyándose en el tronco del árbol. Nada más cerrar los ojos oyó una voz.
El Árbol: - ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!
Narrador: - El hombre abrió sobresaltado los ojos pero no pudo ver a nadie que estuviera quejándose. Nuevamente se recostó, y…. ¡otra vez escucho aquella voz!
El Árbol: - ¡Oooooooohh! ¡Ooooooooohh!
Narrador: - Así sucedió varias veces sin que averiguara la procedencia de aquellos quejidos. Hasta que por fin se le ocurrió preguntar:
El Hombre: - ¿Eres tú, árbol?
El Árbol: - Sí, yo soy.
El Hombre: - ¿Qué te pasa?
El Árbol: - ¡No lo sé!, de un tiempo a esta parte todo me va mal. ¿No ves mis ramas torcidas y mis hojas marchitas?
El Hombre: - ¡No sigas! Ya sé de qué me estás hablando. Yo también tengo mala suerte; por eso voy a pedirle a Dios que me la cambie.
El Árbol: - Por favor, pídele también un consejo para mí.
El Hombre: - Lo haré.
Narrador: - Y con esa promesa se marchó. Caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo.
El hombre empezó a adentrase en unos cerros que había más allá de la sabana. Un día, desde lo alto de una colina, avistó un maravilloso valle. Parecía un paraíso: estaba lleno de árboles, flores, prados, un riachuelo, pájaros,…Era una maravilla de lugar.
Bajando al valle descubrió, en medio de aquel precioso paisaje, una casa muy acogedora. Se acercó y vio que en la terraza, delante de la casa, estaba una mujer muy hermosa que parecía esperarle.
La Mujer: - Ven, viajero, ven a descansar.
Narrador: - El hombre aceptó de buen grado. Pasaron una velada muy especial. Tomaron una comida sabrosa y se contaron muchas cosas.
El Hombre: - Te veo triste.
La Mujer: - Sí, es verdad, desde hace algún tiempo no me siento bien. Vivo en este lugar maravilloso y, sin embargo, noto que me falta algo.
El Hombre: - ¡No sigas! Conozco la sensación, por eso voy a ver a Dios para que me cambie la suerte.
La Mujer: - Pues dile que te dé un consejo para mí.
Narrador: - A la Mañana siguiente el hombre emprendió de nuevo su viaje. Caminó, caminó y caminó, mucho, mucho tiempo. Al cabo de muchos días nuestro hombre llegó al Fin del Mundo. Se asomó. Miró hacia abajo, a la derecha, a la izquierda y hacia arriba, pero no pudo ver nada. Sólo había estrellas. De repente se formó una nube enfrente de él que fue tomando la forma de la cara de un hombre.
El Hombre: - ¿Eres Dios?
Dios: - Sí, yo soy.
El Hombre: - Las cosas me van mal y he venido para pedirte que cambies mi suerte.
Dios: - Muy bien. Estoy de acuerdo. Sólo hay una condición: tienes que estar muy atento y buscar tu buena suerte.
Narrador: - El Hombre que estaba muy contento, se despidió de Dios. Quería llegar rápidamente a su casa para ver si su suerte había cambiado realmente. Corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo, hasta que llegó al valle. Estaba pasando de largo, frente a la casa, cuando la mujer lo vió y lo llamó.
La Mujer: - ¡Eh! ¡Ven aquí! Cuéntame lo que ha pasado.
El Hombre: - He visto a Dios y me ha prometido que me va a cambiar la suerte. Sólo me pidió que estuviera atento. Ahora tengo que irme, he de buscarla.
La Mujer: - ¿Y no te ha dado un consejo para mí?
El Hombre: - Me dijo que lo que te faltaba era un hombre, un compañero que compartiera la vida contigo aquí en este valle.
Narrador: - Con estas palabras a la mujer se le iluminó la cara y exclamó:
La Mujer: - ¡Sí! ¡Sí! eso es. Oye, y ¿quieres ser tú ese hombre?
El Hombre: - Me gustaría mucho pero no puedo. Tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Adiós, me voy corriendo.
Narrador: - Corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Después de varios días llegó nuevamente a la sabana y pasaba corriendo al lado del árbol, cuando este le paró y le interrogó.
El Árbol: - ¿Qué ha pasado buen hombre?
Narrador: - Nuevamente el hombre relató su historia y nada más terminarla quiso salir corriendo; pero el árbol le preguntó:
El Árbol: - ¿Y para mí, Dios no te dio ningún consejo?
El Hombre: - A ver… a ver si recuerdo… ¡ah! sí, me dijo que debajo de tus raíces había un enorme tesoro que te impide crecer. Lo único que tienes que hacer es sacar el tesoro; y todo te irá bien de nuevo.
Narrador: - Después de oír al árbol, el hombre quiso salir corriendo. Pero nuevamente el árbol lo paró.
El Árbol: - Mira yo no puedo sacar ese tesoro. Si tú lo quieres hacer por mí, te lo podrás llevar y así ser muy rico. A mí no me sirve y únicamente quiero que mis raíces crezcan bien de nuevo.
El Hombre: - Me encantaría ayudarte, pero tengo que seguir mi camino y buscar mi buena suerte. Lo siento, adiós.
Narrador: - El hombre corriendo de nuevo se alejó. Corrió y corrió y corrió durante mucho tiempo. Llegó a la selva y no pasó mucho tiempo cuando de nuevo oyó aquellos temibles quejidos del lobo. Quiso pasar de largo, pero el lobo le llamó. El hombre le contó de nuevo su historia. El lobo le preguntó:
El Lobo: - ¿Y para mí…., para mí no te dio Dios también un consejo?.
El Hombre: - A ver….a ver si me acuerdo…¡Ah! sí, me dijo que para ponerte de nuevo fuerte sólo tenías que hacer una cosa: comerte a la criatura más estúpida de la tierra, entonces te irá todo bien.
Para mis niños el cuento acabó aquí. Porque la cuentacuentos quiso darle la oportunidad al hombre de que se diera cuenta de su suerte. Y también les hizo prometer a ellos que lo harían en su vida. Siempre.
Narrador: - El lobo se levantó con sus últimas fuerzas y se abalanzó sobre nuestro hombre y… ¡Lo devoró!
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Orgullo y contrastes
24 de febrero de 2008
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Fidel Castro
19 de febrero de 2008
Mi percepción de Fidel la resume bastante bien un poeta disidente cubano, Raúl Rivero, cuando dice:
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Etiquetas: Política
Palabras para la vida
1 de enero de 2008
Yo soy su líder.
No pido votos,
Pido botas para los descalzos
-que todavía hay muchos-.
No todo el mundo regala colonias y calcetines. Se agradece.
Feliz 2008.
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Etiquetas: Gloria Fuertes, Poesía
Normalización
28 de septiembre de 2007
Y hoy mis encantadores alumnos Julián y Marta me han ayudado a instalar internet en el aula y a buscar páginas interesantes para ellos. Y de una de ellas hemos sacado una bonita lectura que les dejo por aquí.
EL GIGANTE EGOÍSTA
Los niños, cuando salían de la escuela en primavera, acostumbraban a jugar en el jardín del Gigante.
Un día, el Gigante, que era muy egoísta, tomó la decisión de prohibir a los niños jugar en su jardín. Pero cuando volvió de nuevo la primavera, toda la comarca se pobló de pájaros y flores, excepto el jardín del Gigante. La Nieve y la Escarcha se quedaron en el jardín para siempre.
Así siempre fue allí invierno. Pero un día el Gigante se arrepintió de haber sido tan egoísta.
Una mañana, estaba todavía el Gigante en la cama, cuando oyó cantar a un jilguero. Los niños habían entrado en el jardín por un agujero, y con ellos volvió la primavera.
Los árboles se habían cubierto de hojas, los pájaros volaban piando alegremente, las flores se asomaban entre la hierba verde.
Y el Gigante se sentía feliz en el jardín jugando con los niños.
Oscar Wilde
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Vuelco vital
8 de septiembre de 2007
Y en este caso también "como menos te lo esperas". La cristalización implica cambios: temía las oposiciones, pero las superé. Renegaba de las islas menores, y ahora espero el abrazo del volcán.
No soy funcionaria ni me quedo en mi gran urbe. Soy sustituta y me voy a un pequeño pueblo desconocido... Pero estoy contenta.
A ver si con el cambio también le doy un vuelco al Blog...
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