Dos vidas

1 de abril de 2016


Llevaba dos vidas: una aparente, que veían y conocían todos los que debían, llena de una media verdad y una media mentira, perfectamente semejante a la de sus conocidos y amigos, y otra, que transcurría en secreto. Por una extraña coincidencia de circunstancias, tal vez casual, todo lo que para él era importante, interesante e imprescindible, en lo que era sincero y no se engañaba, lo que constituía el meollo de su vida, se desarrollaba en secreto de los demás, y todo lo que constituía su mentira, la envoltura en la que se guarecía para encubrir la verdad, como por ejemplo, su trabajo en el banco, las discusiones en el club, sus comentarios sobre la "raza inferior", su presencia en las fiestas de aniversario en compañía de la esposa, todo esto estaba a la vista. 
Y de igual modo que su vida juzgaba la de los demás; no creía en lo que veía, y siempre sospechaba que en cada persona la vida auténtica, la más interesante, transcurría bajo el manto del misterio, como bajo el manto de la noche. Cada existencia privada se mantenía en secreto y tal vez era en parte ésa la razón por la que toda persona culta pusiera tanto empeño en que se respetara su secreto mundo privado.

La dama del perrito.
Antón Chéjov

Redundancias

3 de febrero de 2013


- Durante la guerra, su abuelo, que almacenaba un montón de cosas en el sótano, salvó a su familia ayudando a un alemán que buscaba una bobina de hilo para coserse un botón del uniforme. Si no hubiera tenido bobina, estaría muerto, y toda su familia con él. Pues bien, me crea usted o no, en los armarios y en el sótano la señora Rosen lo tiene todo doble. ¿Y acaso es más feliz por ello? ¿Acaso se ve mejor en una habitación porque haya dos lámparas iguales?
- Nunca lo había pensado -digo-. Es verdad que decoramos nuestros interiores con redundancias.
- ¿Con qué ha dicho? -inquiere Manuela.
- Con repeticiones, como en casa de los Arthens. Las mismas lámparas y los mismos jarrones sobre la chimenea, las mismas butacas idénticas a cada lado del sofá, dos mesillas de noche a juego, series iguales de tarros de cristal en la cocina…
La elegancia del erizo
Muriel Barbery

#29M Miedo General

27 de marzo de 2012

De entre todos los argumentos que se esgrimen para no secundar la huelga general convocada para el próximo jueves día 29 de marzo, el que más se repite, el que más resuena, el que más me perturba, es el argumento del miedo. El miedo. Los trabajadores reconocen estar hartos, sentirse utilizados y desprotegidos. Trabajar se convierte en una actividad de riesgo. El país entero, poco a poco, se inundará de funambulistas por imposición, cada jornada se convertirá en un paseo por el vértigo. Esta reforma es la reforma del vacío, lo único que quedará bajo los pies del trabajador. Entonemos el más triste y profundo de los réquiems por la red protectora. De cien redes me sale un bolso de Loewe, y el glamour de "marca España" cotiza alto en Telecinco.
Los trabajadores tienen miedo, miedo a la reforma laboral. Un miedo fundamentado y motivado por una realidad sobrevenida vía Real Decreto. Pero es a otro miedo al que aluden para no secundar una huelga general convocada para luchar contra esa amenaza real. El miedo al empresario, que amaga con despido y otro tipo de represalias si se acude a la huelga.

Y entonces, me viene a la cabeza este conocido cuento:


Unos científicos colocaron en una jaula cinco monos, una escalera y sobre ella unos cuantos plátanos.

Cada vez que un mono subía la escalera para comer, el resto sufría una descarga eléctrica, así que después de algún tiempo, en cuanto un mono se aproximaba siquiera a la escalera, los otros le golpeaban.

Pasados unos días, ningún mono subía la escalera a pesar de la tentación de las bananas.

Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos y la primera cosa que hizo fue, lógicamente, intentar subir la escalera. Por lo que el resto le dieron una tremenda paliza.

Después de bastantes golpes, el nuevo integrante del grupo jamás volvió a pretender subir más la escalera, aunque nunca supo el porqué de tales palizas.

Cuando un segundo mono fue sustituido y sucedió lo mismo, el primer sustituto participó con entusiasmo en la agresión al novato.

Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. Llegó después un cuarto y, finalmente, el quinto de los veteranos también fue sustituido.

Los científicos se quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, a pesar de que jamás habían recibido una descarga eléctrica, continuaban golpeando a aquel que intentaba llegar a los plátanos.

Si hubiera sido posible preguntar a cualquiera de esos cinco monos porqué pegaban a aquellos que intentaban subir la escalera, con certeza la respuesta simplemente hubiese sido:

"No lo sé, aquí las cosas siempre se han hecho así".


Los trabajadores están en contra de la reforma laboral y quieren luchar contra ella. Pero secundar la huelga general puede comportar consecuencias negativas. Dichas consecuencias supondrán un castigo ejemplarizante para el resto de trabajadores, que aprenderán que el ejercicio y la defensa de los derechos legítimos conllevan una respuesta represiva. Y lo que se aprende se enseña. Y así será como, con el tiempo, no mucho, nadie se reconocerá derechos, nadie los reinvidicará y nadie los disfrutará... sin saber porqué. Y así será como los empresarios nos sujetarán con hilos invisibles y nos harán bailar a su son. Y así será como los trabajadores pasaremos de ser personas con justos deberes y derechos, a ser meros instrumentos al servicio de una prima de riesgo y un Íbex 35.

Y así será como la rabia se extenderá por el mundo, porque nadie se atrevió a matar al perro.


Proyección etérea vía Matías-Simón

25 de octubre de 2011

Teoría del acto ético

17 de agosto de 2011

El primer elemento clave de la teoría Kantiana del acto ético puro reside en la distinción entre el acto realizado exclusivamente de acuerdo con el deber, y el acto sólo realizado por deber. Sólo este último es ético en sentido estricto. Uno puede actuar de acuerdo con el deber a causa de diversos intereses personales: quiere evitarse incomodidades, quiere dejar una buena impresión, espera un beneficio, etc. Para Kant, una acción de este tipo es patológica, y aunque se realice de acuerdo con el deber, nunca constituye un acto ético. Un acto ético es sólo el que se realiza exclusivamente por deber. En primer lugar, esto significa que ese acto, en sentido estricto, no tiene exterior: su fundamentación debe ser siempre una autofundamentación. Un acto no necesariamente se basa en razones externas a él (nuestros impulsos y motivos "internos" también se cuentan entre estas razones). Es posible que surja sólo de sí mismo, como idéntico a la ley moral; en caso contrario es "no puro", "patológico", en el sentido propio de la palabra. Por otro lado, ese acto no tiene exterior, en cuanto todos los efectos, consecuencias, todo lo que sigue después de él, debe abstraerse y ponerse entre paréntesis. En el acto no hay ningún después. Esto es lo que Kant repite incansablemente: un acto ético está más allá de todos los criterios de utilidad, eficacia, etc.; es -para emplear la metáfora kantiana- una joya que brilla y vale por sí misma. Lo que cuenta es sólo un acto sin propósito fuera de sí mismo, que encierra en sí su propio propósito; el único propósito de ese acto es su propia realización, siendo, por así decirlo, "un acto sin propósito". Si actuamos para obtener esto o aquello, no se trata de un acto. En última instancia, ese acto es esencialmente un producto de sí mismo. Representa algo absolutamente firme, aunque sin base. Es el punto de la firmeza y la certidumbre absoluta que flota en el vacío: es "en sí mismo".
Alenka Zupancic
TODO LO QUE USTED
SIEMPRE QUISO
SABER SOBRE
LACAN
Y NUNCA SE
ATREVIÓ A
PREGUNTARLE A
HITCHCOCK
Slavoj Zizek (compilador)

Casualidades

21 de julio de 2011

O, como diría una buena amiga, "cosas que te pasan".

Primera

El primer fin de semana iba paseando por Addis con Zerihun, nuestro referente de la ONG aquí en Etiopía. En un momento dado le comienzo a preguntar por el cine Etíope y le pido nombres de cineastas destacados. Entonces él me contesta "ese". Yo no lo entiendo bien y, pensando que me estaba dando un nombre, le insisto: "¿quién?" y me vuelve a decir: "ese". Y entonces me doy cuenta que señala. En ese instante estaba pasando por nuestro lado un famoso director Etíope, Serawit Fikre. "El alto de la chaqueta marrón. Ese, ese es un director de cine Etíope". Yo no me lo terminaba de creer, le dije mil veces que se estaba quedando conmigo, que me estaba gastando una broma... pero no, era cierto. Al parecer está promocionando su última película. Tendré que verla...

Segunda

Chaveli y yo estamos en la Sebeta. En otro pueblo (Akaki), a menos de una hora de aquí, están Alejandra y Carolina, voluntarias de la escuela Abugida, escuela que gestiona directamente la ONG. Alejandra es de Badajoz y Carolina de Huelva. Habíamos mantenido cierto contacto por el facebook con motivo de venir aquí, pero nos conocimos personalmente en Etiopía. Los fines de semana nos encontramos y viajamos juntas.
El segundo fin de semana, en el largo camino por carretera hacia Arba Minch, charlábamos las cuatro sobre un poco de todo. Comenzamos a hablar de colegios (las cuatro somos maestras) y Carolina dice: "yo tengo un amigo trabajando en un colegio de Las Palmas". Pregunto si en uno público o privado. Dice "privado". Pocas posibilidades de conocerlo entonces, no conozco a muchos maestros de la privada, y menos de infantil. Entonces nos dice que es el director de la Etapa en ese centro. Se me enciende una luz y le pregunto: "¿No se llamará Juanma, verdad?". "¡Sí!" me grita. Sí, su amigo es el profesor de mi ahijado.

No los voy a salvar

14 de julio de 2011

Lo recuerdo perfectamente. Debía tener unos seis años, eran los 80 y la televisión mostraba imágenes de la sequía que asolaba Etiopía. Nunca había visto a niños sufrir y, que eso pudiera suceder, me resultaba incomprensible y absurdo, una especie de broma de mal gusto. Esas imágenes dieron un portazo a mi construcción infantil del mundo. Le pedí explicaciones a mi madre. Ella hizo lo que pudo, pero no me convenció.

- No tienen agua.
- Nosotros tenemos, ¿por qué no les damos?
- No tienen comida.
- Nosotros tenemos, ¿por qué no les damos?
- No tienen medicamentos.
- Nosotros tenemos, ¿por qué no les damos?

Como, al parecer, era imposible que les diéramos nada le pregunté que por qué no los traíamos. "En nuestra parte del mundo no hay esos problemas, tenemos de todo. Que se vengan". Tampoco eso era posible. Lo único que parecía posible era dejarlos morir de inanición. Esa fue la primera vez que cuestioné la supuesta inteligencia adulta. Me parecieron muy poco resolutivos y no podía entender cómo a una simple niña se le podían ocurrir mil soluciones y ellos, con toda su sabiduría y experiencia, eran incapaces de abordar una cuestión, a mis ojos, tan sencilla.

Desde que tengo la poca memoria con la que luego me quedé padezco una intolerancia grave a las injusticias. Además, poseo una especie de capacidad innata para detectar emocionalmente si en una situación se da una injusticia, incluso antes de comprenderla a un nivel intelectual. No concibo vivir a otro lado que no sea al de las injusticias (y la vida me ha demostrado que las injusticias las sufren, siempre, los más débiles). No entiendo que una injusticia pueda encontrarse sola, sin gente a su alrededor luchando por acabar con ella y reparar los daños. No consigo creer que el mundo pueda tener otros planes.

Así que tomé una decisión. Cuando creciera, y fuera autónoma e independiente, tomaría cartas en el asunto. Ahorraría de mi sueldo hasta poder comprar un avión. Además, construiría casas acogedoras de un extremo a otro de Andalucía (en mi mapa mental del momento Andalucía era la zona española que quedaba más cerca de África). Cuando lograra todo esto viajaría a Etiopía y llenaría mi avión cuantas veces fuera necesario para impedir que esos niños volvieran a pasar hambre, enfermedades, necesidades... Yo, los salvaría.

Hoy tengo 34 años. El día 03 de julio de 2011 cogí un avión con destino a Etiopía. El avión no era mío y los niños se quedarán aquí cuando yo regrese. No los voy a salvar.

A cambio, ellos han salvado para mí a aquella niña de 6 años.


Homenaje a Nadie.