No los voy a salvar

14 de julio de 2011

Lo recuerdo perfectamente. Debía tener unos seis años, eran los 80 y la televisión mostraba imágenes de la sequía que asolaba Etiopía. Nunca había visto a niños sufrir y, que eso pudiera suceder, me resultaba incomprensible y absurdo, una especie de broma de mal gusto. Esas imágenes dieron un portazo a mi construcción infantil del mundo. Le pedí explicaciones a mi madre. Ella hizo lo que pudo, pero no me convenció.

- No tienen agua.
- Nosotros tenemos, ¿por qué no les damos?
- No tienen comida.
- Nosotros tenemos, ¿por qué no les damos?
- No tienen medicamentos.
- Nosotros tenemos, ¿por qué no les damos?

Como, al parecer, era imposible que les diéramos nada le pregunté que por qué no los traíamos. "En nuestra parte del mundo no hay esos problemas, tenemos de todo. Que se vengan". Tampoco eso era posible. Lo único que parecía posible era dejarlos morir de inanición. Esa fue la primera vez que cuestioné la supuesta inteligencia adulta. Me parecieron muy poco resolutivos y no podía entender cómo a una simple niña se le podían ocurrir mil soluciones y ellos, con toda su sabiduría y experiencia, eran incapaces de abordar una cuestión, a mis ojos, tan sencilla.

Desde que tengo la poca memoria con la que luego me quedé padezco una intolerancia grave a las injusticias. Además, poseo una especie de capacidad innata para detectar emocionalmente si en una situación se da una injusticia, incluso antes de comprenderla a un nivel intelectual. No concibo vivir a otro lado que no sea al de las injusticias (y la vida me ha demostrado que las injusticias las sufren, siempre, los más débiles). No entiendo que una injusticia pueda encontrarse sola, sin gente a su alrededor luchando por acabar con ella y reparar los daños. No consigo creer que el mundo pueda tener otros planes.

Así que tomé una decisión. Cuando creciera, y fuera autónoma e independiente, tomaría cartas en el asunto. Ahorraría de mi sueldo hasta poder comprar un avión. Además, construiría casas acogedoras de un extremo a otro de Andalucía (en mi mapa mental del momento Andalucía era la zona española que quedaba más cerca de África). Cuando lograra todo esto viajaría a Etiopía y llenaría mi avión cuantas veces fuera necesario para impedir que esos niños volvieran a pasar hambre, enfermedades, necesidades... Yo, los salvaría.

Hoy tengo 34 años. El día 03 de julio de 2011 cogí un avión con destino a Etiopía. El avión no era mío y los niños se quedarán aquí cuando yo regrese. No los voy a salvar.

A cambio, ellos han salvado para mí a aquella niña de 6 años.


Homenaje a Nadie.

4 secretos:

abenchara dijo...

ERES INCREIBLE. Y AUNQUE CREAS QUE NO LOS SALVAS, SI LES ESTÁS APORTANDO UN SIN FIN DE EXPERIENCIAS Y VIVENCIAS QUE SEGURO LES CAMBIARÁ SU FORMA DE VER, PENSAR Y QUIZÁS LES IMPULSE A LUCHAR POR MEJORAR SU DÍA A DÍA. TE QUIERO MUCHO ERES GRANDE.

Aharon dijo...

No podria sentirme mas identificada guapa. Un besote!

Porsela dijo...

Gracias chicas. Un besazo!

Raquel dijo...

Me has emocionado muchísimo, Conchy. Valiente. Un besazo.